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Nada tiene nunca ninguna importancia
Suave como el peligro atravesaste un día
con tu mano imposible la frágil medianoche
y tu mano valía mi vida,
y tus labios casi mudos decían lo que era el pensamiento.
Pasé una noche a ti pegado como a un árbol de vida
porque eras suave como el peligro,
como el peligro de vivir de nuevo.
En estas horas me sube del alma a la mente
una tristeza de todo el ser,
la amargura de ser al mismo tiempo
una sensación mía y una cosa exterior,
que no está en mi poder alterar.
Una de mis preocupaciones es el comprender
cómo es que otra gente existe,
cómo es que hay almas que no sean la mía,
conciencias extrañas a mi conciencia, que,
por ser conciencia, me parece ser la única.
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