Quiero cincuenta cosas al mismo tiempo.
Anhelo con una angustia de hombre de carne
no sé bien qué: definidamente lo indefinido…
Duermo inquieto y vivo en un soñar inquieto
del que duerme inquieto, a medias soñando.
Me cerraron todas las puertas abstractas y necesarias.
Corrieron cortinas por dentro de todas las hipótesis que
yo podría ver desde la calle.
Para los que la felicidad
es sol, vendrá la noche.
Pero al que nada espera
todo lo que venga es grato.
tengo ganas de llevar mis manos
a la boca y morder en ellas fuerte

mi tristeza es sosiego,
es lo que debe haber en el alma
cuando piensa que ya existe
me duele hasta donde pienso,
y el dolor es ya de pensar,
huérfano de un sueño suspendido
que por la marea baja...
y sube hasta mí, ya harto
de inútiles agonías,
en el muelle de donde nunca parto,
la marejada de los días.
Cualquier ocaso es el ocaso;
no es necesario ir a verlo a Constantinopla.
de la lejanía, de las horas del sur, de donde nuestros
sueños sacan
aquella angustia de soñar más que hasta para sí callan...
¿En qué hondonada esconderé mi alma
para que no vea tu ausencia
que como un sol terrible, sin ocaso,
brilla definitiva y despiadada?
Tu ausencia me rodea
como la cuerda a la garganta,
el mar al que se hunde.