como una fresca sábana quisiera
tirar sombra y silencio sobre mí,
y dormir -¡ah, dormir!- en un deslizar
suave y blando hacia la inconsciencia,
en un apagarse sentido dulcemente.
Come son pesanti i giorni,
a nessun fuoco posso riscaldarmi,
non mi ride ormai nessun sole,
tutto è vuoto,
tutto è freddo e senza pietà,
ed anche le care limpide stelle
mi guardano senza conforto...
Tenemos, quienes vivimos,
una vida que es vivida
y otra vida que es pensada,
y la única en que existimos
es la que está dividida
entre la cierta y la errada.
hablo - las palabras que digo son nada más un sonido:
sufro - soy yo.

Ah! La angustia, la abyecta rabia, la desesperación
de no yacer en mí mismo desnudo
con ánimo de gritar, sin que sangre el seco corazón
en un último, austero alarido!
tengo sueño
como el frío de un perro abandonado,
tengo mucho sueño

que mi oir tu silencio no sean nubes
que entristecen tu sonrisa,
ángel exiliado...
Me duele hasta donde pienso,
y el dolor es ya de pensar,
huérfano de un sueño suspendido...

Tal vez ni así encuentre al pie de la muerte
un lugar que me abrigue de mi frío...
Y en el fondo de mi alma
hay una congoja intensa e invisible,
una tristeza como el ruido de quien llora en un cuarto oscuro.
... la insatisfacción de la existencia del mundo.
Estos sentimientos son una locura lenta del desconsuelo,
son reminiscencias de cualquier otro mundo en que hubiésemos estado.
Estos pensamientos de la emoción duelen con rabia en el alma,
todo esto duele como una condena pronunciada no se sabe dónde, o por quién, o por qué.