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Nada tiene nunca ninguna importancia
Cruza las manos sobre la rodilla...
Cruza las manos sobre la rodilla y mírame en silencio
en esta hora en que no puedo ver que tú me miras,
mírame en silencio y en secreto y pregunta a tí misma
—tú que me conoces— quién soy...
Quien está al sol y cierra los ojos
comienza a no saber lo que es el sol
y a pensar muchas cosas llenas de calor.
Pero abre los ojos y ve el sol
y ya no puede pensar en nada
porque la luz del sol vale más que los pensamientos
de todos los filósofos y de todos los poetas.
La luz del sol no sabe lo que hace
y por eso no yerra y es común y buena.
Mi mirada azul como el cielo
es tranquila como el agua al sol.
Es así, azul y tranquila
porque no interroga ni se espanta...
Desde mi aldea veo cuanto de la tierra se puede ver del Universo.
Por eso mi aldea es tan grande como cualquier otra tierra
porque soy del tamaño de lo que veo
y no del tamaño de mi altura...
Cuando deseo encontrarla
casi prefiero no encontrarla,
para no tener que dejarla después.
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