ya no me esperas con el corazón del reloj, quedan horas desnudas,
con golpear de hojas súbitas
en los vidrios de tu ventana...
queda la lentitud de una sonrisa,
el cielo oscuro de un vestido,
el terciopelo color herrumbre
atado a los cabellos y suelto sobre los hombros
y tu rostro hundido en un agua casi inmóvil.