Là rivola il pensier mio...
Junta las manos, ponlas entre las mías y escúchame, oh amor mío.
Quiero, hablando con una voz suave y arrulladora, como la de un confesor que aconseja, decirte cuán acá de lo que conseguimos queda el ansia de conseguir.

Nadie me ha conocido bajo la máscara de la igualdad, ni ha sabido nunca qué era una máscara, porque nadie sabía que en este mundo hay enmascarados. Nadie ha supuesto que a mi lado estuviese otro, que, al final, era yo. Me creyeron siempre idéntico a mí.

(F.P.187)



Estoy hoy en ese estado intermedio del alma en que no apetece la vida ni otra cosa.